Revuelo: Artesanos en trajes de flamenca.

El mundo del Flamenco

Los mejores trajes de flamenca

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El mundo del Flamenco

La Evolución de los palos

En el transcurso del siglo XIX todos esos ingredientes, que a la postre conformarían el flamenco, se están fusionando y recreando hasta el punto de que siendo la mayor parte de sus coplas de origen campesino estas adquirirán su carácter flamenco ya en la ciudad: todas las cunas del flamenco son ciudades o agrovillas de marcado peso específico en las comarcas del Bajo Guadalquivir.

Por otra parte la mayor dedicación de los gitanos a la ejecución de los cantes trae como consecuencia un estilo propio que los alejarán cada vez más de las tonadas populares, fenómeno que se acentuará aún más con el surgimiento de los cantaores profesionales.

Está muy extendida la idea de que el flamenco es el folclore de Andalucía, pero eso no es así. En la Andalucía pre-flamenca las músicas folclóricas estaban fraccionadas a nivel comarcal: seguidillas y sevillanas en el Alto y Bajo Guadalquivir, fandangos en el extremo occidental, fandangos abandolados en la Alta Andalucía y la campiña cordobesa, verdiales en los Montes de Málaga, trovos y músicas alpujarreñas para las tierras altas de Granada y Almería... El flamenco bebe de muchas de esas fuentes pero dando un resultado final tan estilizado y complejo que el andaluz medio, aún teniéndose como bien dotado para la música, sería incapaz de acometer. De hecho, en ningún momento de su larga trayectoria histórica, el flamenco ha pasado de ser una música relativamente minoritaria, con mayor o menor difusión, pero siempre superada por los folclores locales o comarcales.

Atendiendo a la métrica de las coplas se pueden dividir en tres grandes grupos:

- Herederas del romance: Coplas de tres o cuatro versos de ocho sílabas, con rima preferentemente asonantada en los versos pares.

- Herederas de la seguidilla: Coplas de tres o cuatro versos alternos de cinco y siete sílabas, con rima en los versos cortos.

- Herederas del fandango: Coplas de cinco versos (que a la hora de la ejecución se repite uno de ellos) de siete u ocho silabas, rimando las pares y las impares por separado.

Las del primer grupo se fueron desarrollando a partir de los cantes populares basados en el Romancero y los pliegos de cordel (impresiones de los romances que el cantante ambulante vendía tras su interpretación) cuya estilización dio lugar al corrido. El fraccionamiento de algunas cuartetas significativas (frecuentemente resumidas en tres versos) dio lugar a las tonás primitivas (impregnadas además de los cantes litúrgicos) y el acompañamiento de la guitarra (lo que le imprimió un compás para ser bailable), a la caña y el polo, que comparten métrica, melos y compás pero difieren en su ejecución; su paternidad se le atribuye a Ronda, ciudad fronteriza entre la Alta y la Baja Andalucía. Estos palos llegarían a Triana, arrabal de Sevilla con gran tradición en los corridos, donde se transformarían para dar lugar a la soleá. Desde aquí viajaría a Utrera, Jerez, Cádiz y El Puerto, donde conformarían variantes locales. En Cádiz, en ese momento la ciudad más cosmopolita de España, sufre multitud de influencias que la hacen evolucionar hasta generar el grupo de las cantiñas y su palo central la alegría con marcada influencia de la jota aragonesa. Asimismo de la interpretación más festiva de corridos y soleares surgirían en Triana los jaleos, y en Jerez la bulería. Los jaleos viajaron a Extremadura y las bulerías se redifundieron desde Jerez a toda la Baja Andalucía, generando variantes locales. Por otro lado, los tangos y tientos se desarrollan en los grandes puertos andaluces (Cádiz, Sevilla y Málaga), acusando la influencia de la música de la Cuba colonial según algunos autores, o de los primitivos ritmos gitanos según otros.

La métrica de las seguidillas es compartida también por algunas tonadas campesinas como la nana, los pregones y los cantes de trilla, cuyo arcaísmo interpretativo y argumental invitan a pensar que son géneros preflamencos. A partir de aquí pudo desarrollarse la liviana, palo que en un principio se interpretaría sin guitarra. La serrana en cambio se presenta como una interpretación virtuosista y melismática de la liviana, hasta el punto de que tradicionalmente se interpetaban juntas, sirviendo la liviana de introducción o de remate. Este grupo de palos son los de menor ascendencia gitana en elaboración e interpretación, por lo que no deja de ser curioso el hecho de que el palo más genuinamente calé, la alboreá, cante de boda vetado fuera de las reuniones familiares gitanas, comparta métrica. También sin guitarra pudo desarrollarse la primitiva playera (posible contracción fonética de plañidera), que andado el tiempo se impregnaría de los melos de las tonás para dar lugar a la siguiriya, finalmente ejecutada con guitarra. Su métrica es única y consta de un primer, segundo y cuarto verso de cinco o seis sílabas y un tercero que puede llegar a las once o doce.

Finalmente está el grupo de los fandangos, que en el siglo XVII estaba considerado el cante y baile más extendido por toda España y que al irse perdiendo quedó confinado en comarcas donde acabó generando variantes locales. A causa de la expansión de las sevillanas, en algunas comarcas (especialmente al oeste del Guadalquivir) estas variantes perdieron su papel de soporte del baile lo que permitió un mayor lucimiento del intérprete; de este modo surge el amplio abanico de variantes locales de los fandangos de Huelva, que en el siglo XX se refinará hasta dar lugar al variadísimo espectro de fandangos personales. En los pueblos de los montes de Málaga sobrevivirán, ajenos a la evolución flamenca, los verdiales, cante y baile afandangado cuyo frenético acompañamiento es una reliquia que se remonta como mínimo a la época morisca o incluso a la romana, como se desprendería de un mosaico del siglo I que se conserva en el Museo de Nápoles. Al este y sureste del Gran Río se acompañarán los fandangos con la bandola, instrumento de cuerda ejecutada con un compás regular que permite el baile. Surgen así los fandangos de Lucena, los zánganos de Puente-Genil (Córdoba), las malagueñas primitivas, las rondeñas, las jaberas, los jabegotes (Málaga), la granaína, el taranto (Almería) y la taranta (Jaén). Con la apertura de yacimientos mineros en el Levante español miles de campesinos andaluces, especialmente de las provincias más orientales, emigrarán a Murcia en cuyos principales enclaves mineros evolucionan los tarantos y tarantas. Ésta última desarrolla variante propia en Linares, y evoluciona hacia la minera de la Unión, la cartagenera y la levantica. A partir de la época del café cantante algunos de estos cantes también andarán el camino de deslindarse del baile y convertirse en cantes de compás libre, que permitirán el lucimiento de los grandes intérpretes. El gran impulso a este proceso lo dio Antonio Chacón, quien desarrolló versiones preciosistas de malagueñas, granaínas y cantes mineros.

Fuente: Wikipedia

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